El oso negro americano: un mamífero imponente

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¿Te apasionan los grandes mamíferos terrestres? Entonces seguro que encontrarás apasionante al oso negro americano, un mamífero que destaca por su apariencia grandiosa, su actitud territorial y una conducta protectora hacia sus crías. En este artículo conoceremos un montón de datos interesantes sobre esta magnífica especie. ¡No te lo pierdas!

 

Así es el oso negro americano: características y curiosidades

El oso negro americano, también conocido como ursus americanus o baribal, es uno de los mamíferos de gran tamaño más populares y con mayor población de Norteamérica. Aunque las primeras referencias hacia esta especie datan del siglo XVIII, sus orígenes se estiman mucho antes de la llegada de los europeos a los territorios del norte de América. 

En la actualidad, se calcula que existen más de 16 subespecies de oso negro americano, algunas de ellas en peligro de extinción, y una población de entre 500.000 y 700.000 ejemplares en todo el continente.

La subespecie del oso negro de Nuevo León, en México, es una de las especies en peligro de desaparición por la acción del hombre.

Si estás pensando en formarte en el cuidado de grandes mamíferos como el oso negro americano, te interesa conocer cuáles son sus principales características y un montón de datos curiosos como los que te presentamos a continuación. ¡Echa un vistazo!

Fisionomía del gran oso negro americano

Los rasgos físicos fundamentales del oso negro son similares a los de otras especies de oso, con un gran torso y grandes extremidades bastante proporcionadas. Cuentan con unas fuertes garras que utilizan para trepar, defenderse y alimentarse, y una cabeza de ojos pequeños y largo hocico. El dato más destacado en cuanto a su fisionomía es sin duda su gran tamaño, ya que suelen rondar los 2 metros de longitud y un peso promedio de 100kg, presentando grandes diferencias entre los ejemplares hembra y macho.

En lo que respecta a su pelaje, pese a denominarse “oso negro”, suele presentar variaciones de color, que puede ir desde tonos de marrón oscuro hacia un gris negruzco. Suele ser brillante y abundante, con una capa inferior de piel muy gruesa que le ayuda a protegerse del frío durante el invierno.

La alimentación del oso negro americano: un mamífero oportunista

El menú diario del oso negro no difiere demasiado de la alimentación de otras especies de oso: son animales omnívoros, es decir, comen tanto plantas como otros animales, sobre todo de especies de menor tamaño. Su dieta se compone en su mayor parte de bayas, nueces, raíces y otros vegetales, pero también de insectos como abejas, termitas u hormigas, y pequeños animales como ciervos.

También es frecuente que esta especie se alimente de salmones y otros peces que pescan en los ríos durante el proceso de migración.

Además, esta especie glotona y de gran apetito puede llegar a alimentarse de casi cualquier cosa ante la ausencia de los alimentos habituales de su menú. Aunque son animales solitarios que rehúyen el contacto humano, cuando se encuentran en zonas próximas a parques naturales o viviendas, es habitual que se acerquen a revolver entre cubos de basura y darse un festín con restos de comida.

Hábitat del oso negro, el rey de los bosques en Norteamérica

Su propio nombre le delata: el oso negro es la especie más popular de Norteamérica, con presencia de poblaciones en al menos 39 de los Estados de EE.UU., en los que convive con otras especies como el oso pardo. Además, también están muy extendidos en el norte de México, Canadá y Alaska

Independientemente de su ubicación, lo más habitual es encontrarlos en bosques de árboles con gran follaje y densidad, como los bosques de coníferas y caducifolios, y con vegetación de la que pueden alimentarse. En ellos, utilizan para resguardarse las populares oseras, que confeccionan en cualquier lugar cobijado y estratégicamente ubicado para una óptima protección y confort. 

Para fabricar las oseras se valen de madrigueras, cuevas, agujeros de árboles, ramas de altura y montones agrupados de maleza.

Reproducción y cría del ursus americanus

La reproducción del oso negro es bastante similar a la de otras especies de oso. Por norma general, machos y hembras se aparean durante la temporada estival, con la llegada de las altas temperaturas entre junio y julio, y realizan el apareamiento en varias ocasiones hasta lograr la fecundación del óvulo. La duración de la gestación suele ser de unos 220 días, por lo que el parto se produce durante el frío invierno, en el interior de las oseras. 

Los pequeños osos nacen ciegos y cubiertos por una fina piel, por lo que deben permanecer en el interior de la osera hasta la llegada de la primavera.

En lo que respecta a sus cuidados, las hembras de esta especie se vuelven muy protectoras y se encargan del cuidado de las crías hasta que estas alcanzan al menos un par de años y son capaces de cazar y defenderse por cuenta propia. 

 

La hibernación del ursus americanus: ¿un oso muy perezoso?

Una de las peculiaridades más sorprendentes del oso negro americano es su forma de hibernar, diferente a la de otras especies de úrsidos, ya que no lo hace en sentido estricto. ¡Estas son sus particularidades!

  • Se considera que este animal no “hiberna” como tal, sino que pasa el invierno y los meses de más frío en un estado de somnolencia. Esto es así porque su temperatura corporal desciende mucho menos que en el proceso de hibernación de otras especies, entre unos 4 y 7 grados, y se despierta con mayor facilidad. 
  • En esta etapa, el oso negro no tiene salir de la osera para defecar ni orinar.
  • Por otro lado, tampoco tiene la necesidad de salir al exterior para cazar ni alimentarse, ya que puede sobrevivir de las reservas de grasa que ha obtenido durante el otoño.
  • En este sentido, por la ausencia de nuevo alimento y la falta de ejercicio, el oso negro suele perder durante este periodo entre un 20 y un 30 por ciento de su peso corporal.
  • En cuanto a la duración de la hibernación, también es diferente a la de otras especies. En este caso, el tiempo puede variar según el hábitat concreto, pudiendo alargarse hasta casi nueve meses en las regiones más frías, como el norte de Alaska o Canadá, o tan solo unos meses en las zonas más cálidas.

 

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